El famoso y vendido efecto Mozart no sirve para lo que medio mundo cree: hacer que los niños sean más inteligentes.
No se puede «recetar un disco». Pretender que las cosas son causa y efecto son producto de otra época. No se puede pensar que un mismo elemento va a producir los mismos efectos en todas las personas. El efecto Mozart no es más que una expresión de la sociedad de consumo donde nos comemos todo los que nos den.
Una melodía puede cambiar estados de ánimo, pero eso no es musicoterapia, sino que es solo escuchar música.