Cápsulas A-B-C

A

A ver y haber

«A ver» es una expresión formada por la preposición ‘a’ más el verbo ‘ver’. Se emplea generalmente pospuesto al verbo ‘ir’, pero también se puede utilizar sola, confiriéndole a la frase significados variados: de posibilidad, curiosidad, indagación, aliento, advertencia u otro. Ejemplos: «(Vamos) a ver cómo resulta esta actividad»; «A ver qué nos cuenta Roberto de su viaje a la Carretera Austral»; «A ver si gané en el loto (siempre que haya jugado, claro)»; «A ver si lo haces bien, ¿eh?»; «Habla con él, a ver qué te aconseja».

«Haber»: usado como verbo auxiliar o con el sentido de existir, encontrarse en algún lugar: «Podrías haber llegado más temprano» (auxiliar); «Mejor no salgas a esta hora, debe de haber mucho tráfico»; «De haberme llamado, habría venido a ayudarte» (auxiliar);. «¿Hay Cápsula Lingüística en este sitio web? De haber, la hay».

Afectividad

Afecto deriva del latín factus que significa hecho y del prefijo a o ad, que implica dirección, ir hacia.

La característica del afecto es que nos mueve en una determinada dirección. “Hacerse a un lado” es moverse hacia un lado. “Hacerse a” significa moverse en una dirección y también acomodar el ánimo a algo. De ahí la afición, que es una manifestación peculiar del afecto (su forma original fue afección). El afecto está entre las pasiones del alma; pero es una pasión tranquila. Cuando queremos expresar nuestro amor no apasionado por una persona, decimos que le tenemos afecto.

El sustantivo affectus, us pasó al español conservando la misma significación que en latín: afecto, sentimiento, inclinación, estado anímico, disposición del alma. En medicina se empleó para nombrar el estado físico, la disposición del cuerpo, la afección (“padece una afección de tifus”), la enfermedad. En derecho llegó a emplearse como sinónimo de voluntad: affectu carere, estar privado de voluntad propia. Es que finalmente el afecto es un importante motor de la voluntad.

En español afecto tiene un significado muy matizado. Si bien se puede utilizar en sentido lato para denominar cualquier estado de ánimo (amor, odio, alegría, tristeza…), en sentido estricto se emplea comúnmente para referirse a ese sentimiento mezcla de simpatía y cariño que nos empuja hacia una persona, de manera que nos interesamos por ella, alegrándonos con ella de sus venturas y entristeciéndonos con ella de su desvantura. Pero todo ello sosegadamente, sin apasionamiento ni inquietud. A menudo el afecto es la antesala del amor. Al fin y al cabo es una de sus formas, pero despojada de pasión.

De afecto hemos derivado los adjetivos afectuoso y afectivo. Y de este último el sustantivo afectividad, con el que expresamos la inclinación de una persona al afecto y su situación respecto al afecto que recibe de otras personas.

He podido apreciar en la práctica cómo las personas que se criaron carentes de afecto les cuesta expresar su afectividad. Y quienes no expresan esta disposición a la acción, se privan no sólo de una expresión tan hermosa de la vida, sino que se cierran a tener más amistades y buenas voluntades a su alrededor. El afecto, para ser completo, tiene que manifestarse. Si es un sentimiento que parece oculto, no mueve a la acción. Expresamos afecto de manera sana no solamente con una sonrisa, sino que con palabras de estímulo, con elogios sinceros y con contacto. La comunicación más priomordial y fundamental de los mamíferos es entrar en contacto de alguna manera. Un cálido saludo de mano o un abrazo son hermosas manifestaciones de afecto. Soy un aficionado a este tipo de expresiones. Es lo natural. Si no se posee esta adicción, quizá algo esté fallando en la capacidad de apreciarse y estimarse.

Faltando el afecto se instala en la conducta una apatía con la que es imposible marcarse objetivos y luchar por conquistarlos. Si se tiene mellada el alma en este aspecto, es imposible aficionarse a nada ni tomarse nada en serio.

Aforismo

Se suele llamar aforismo a una sentencia breve y doctrinal que se propone como regla en una ciencia o arte.

La palabra aforismo proviene del griego aphorismós y este de aphorizein (definir, separar) compuesta de apo (aparte, fuera) y horos (seña, marca). Significa definición, poner límites o señales para delimitar a un concepto para diferenciarlo de otra cosa.

Originalmente se refería a las reglas escritas por le médico griego Hipócrates (460 a.n.e. – 270 a.n.e.). Hipócrates es considerado como el fundador del sistema médico y estableció su ética. Aún hoy los médicos hacen el Juramento de Hipócrates, aunque no necesariamente lo cumplen siempre. Hipócrates dio una serie de definiciones breves relativas a diagnóstico y síntomas de enfermedades. Posteriormente el vocablo aforismo se fue aplicando a todo tipo de principios de diversas disciplinas.

El aforismo puede referirse a diversos temas. Son definiciones claras, breves y resumidas.
Es interesante cuando se refieren a temas filosóficos o éticos. Pueden invitar a pensar y reflexionar.

En nuestro curso de Diplomado en Tarot Predictivo se enseña a construir aforismos como un ejercicio para desarrollar la intuición y la capacidad de hacer abstracciones y reflexionar críticamente sobre sus resultados.

Se dice que un estadio tiene un aforo de 40.000 personas. Esta palabra también deriva del griego horos, marca o seña. ¿Encuentras otras palabras derivadas?

Afrodisíaco

Procede, naturalmente, de Afrodita, la diosa griega del amor. Pero aún podemos retroceder un poco: el nombre de la diosa, Afrodita procede de afrós, que significa «espuma» (normalmente, del mar), pero que se aplica también a la espuma del vino y a la de la sangre; a la espuma de la boca del león, y la del hombre. El nacimiento de Venus de Botticelli hace referencia al origen marino de Afrodita (Venus es su nombre latino).

Derivado de Afrodita es afrodisíaco que ya se usaba en el siglo I antes de nuestra eracon el significado de todo lo que tiene que ver con los placeres amorosos y que acabó especializándose para denominar los alimentos y los preparados que ayudan a excitar el apetito sexual. Pero más especialización se ha producido aún: prácticamente se ha reservado el término afrodisíaco para los excitantes del hombre, mientras que para la mujer se habla más bien de filtros. Palabra antiquísima, ésta sí, presente desde siempre en la literatura griega. Procede de filtron (fíltron), derivado de filew (filéo =amar), y significa «medio de hacer amar», especialmente «brebaje», «encantamiento», «bebedizo».

La base principal de los más antiguos filtros amorosos era alguna sustancia afrodisíaca como los polvos de cantáridas. Con ellos se mezclaban otras sustancias sumamente sugestoras como rémoras, huesos de rana, piedra astroita e «hipómanes», que no se ha podido saber qué es. La brujería tuvo el monopolio de los filtros y empleó en ellos sustancias deletéreas que a veces ocasionaban el envenenamiento y la muerte del consumidor. Así murieron Lúculo y Propercio, y así se dice que murió Fernando el Católico, por un brebaje que le dio su segunda esposa Germana de Foix , para conseguir de él un hijo. Las mujeres han usado especialmente el filtro amoroso para asegurarse la fidelidad del esposo o amante.

La lista de afrodisíacos es interminable y varía según las culturas y las modas. En principio entran en la categoría de tales los excitantes de cualquier clase, tanto ingeridos como tópicos. Entre los ingeribles tradicionales se cuentan la vainilla, el musgo, el ámbar y las especias en general (pimienta, canela, jengibre…); el alcohol en dosis moderadas; el opio también con moderación; la nuez vómica, el fósforo, la cantárida, el almizcle, el catecú, el ginseng, el haschisch y otras varias drogas. De ninguno de ellos puede garantizarse la eficacia. El perjuicio, de muchos, sobre todo si se yerra en la dosis. Actualmente se recurre preferentemente a las hormonas, andrógenos o estrógenos, según el sexo. Entre los afrodisíacos tópicos, se ha recurrido tradicionalmente a la faradización (¡corrientes!) cutánea, la calorificación, la urticación, el masaje y los linimentos de sustancias afrodisíacas.

Pero el colmo de la modernidad en cuanto a afrodisíacos es el Viagra, que bien merecería llamarse Afrodisíacus Rex, porque ha conseguido destronar a todos los demás.

Ágora

Del griego άγορά, asamblea, (de άγείρω, reunir) es un término por el que se designaba en la Antigua Grecia a la plaza pública de las ciudades-estado griegas (polis). Era un espacio abierto, centro del comercio (mercado), de la cultura y la política de la vida social de los griegos.

Los precedentes históricos se remontan hasta las épocas de las plazas de la Creta minoica, en donde se han localizado las primeras ágoras.

Las ágoras arcaicas están estrechamente relacionadas con los santuarios religiosos y las actividades de entretenimiento, como fiestas, juegos y teatro.

En la época dorada de la Grecia Antigua los filósofos se reunían en el ágora para enseñar y conversar con sus discípulos.

También solían predicar los adivinos y no siempre anunciando buenas noticias. Todavía se les dice agoreros a quienes anuncian puras desgracias. En la actualidad hay agoreros, aunque no haya ágoras. Salvo, claro, nuestra Ágora Oriente, lugar de encuentro de estudiantes de Círculo Aleph.

Muchos creen que Sócrates, en la Antigua Grecia, enseñaba a sus discípulos mientras caminaban por el ágora o plaza. En realidad, su casa daba al ágora y había una galería en la cual se sentaban los estudiantes a escuchar sus enseñanzas.


Antonomasia

En retórica (elaboración de discursos gramaticalmente correctos, elegantes y persuasivos) se suele emplear bastante la mención de un todo empleando una palabra que significa una parte. Es lo que se conoce como antonomasia. Por ejemplo, decimos, «el hombre siempre ha buscado su origen» en lugar de «los hombres y las mujeres siempre han buscado su origen».

La antonomasia, con el uso de este vocablo y otros vocablos, ha reforzado concepciones sexistas y por eso es costumbre, desde hace un tiempo, en muchos idiomas evitarlo y emplear conceptos que claramente abarquen los dos géneros. Podemos decir «los hombres y las mujeres», la «humanidad, el «ser humano». Ese último vocablo es también una antonomasia, pero claramente explicita ambos sexos.

Ejemplos de Antonomasia:

La ciudad eterna (por Roma)
El Azote de Dios ……Atila
El Canciller de Hierro …Otto von Bismarck
El Che…..Ernesto Guevara
El Duce …Benito Mussolini
El Filósofo ……Aristóteles
El Führer ….Adolf Hitler
El Hijo de Dios … Jesucristo
El rey….Elvis Presley
La Ciudad Luz…..Paris
La Dama de Hierro….Margaret Thacher
La Gran Guerra …Primera Guerra Mundial
La Gran Manzana (Big Apple)….ciudad de Nueva York
La Ciudad Jardín… Viña del Mar
«entonces, el hizo gala de sus dotes de donjuán y se acercó a ella con seguridad»

B

Bambalinas

En mis estudios de actuación siempre me daba risa este término. Me suena raro y divertido.

En el lenguaje del teatro, se llama así ‘cada una de las tiras colgadas a lo ancho del escenario, que ocultan la parte superior de este y establecen la altura de la escena’ (Dle). Usamos la expresión entre bambalinas para referirnos a algo que ocurre, en cualquier actividad humana, fuera de la vista del público.

Esta voz procede de bambalear, que se formó a partir de bambolear ‘hacer que algo oscile en un movimiento de vaivén’, y que sería, según la Academia española, una ‘voz onomatopéyica’. Sin embargo, parece proceder más bien del griego βαμβαίνω (bambaíno) ‘tambalearse, bambolearse’.

Tal vez por eso, en italiano se llama bambo al que no sabe hablar, y bambino al niño pequeño, antiguamente, ‘infante, niño que todavía no habla’. En portugués, se dice bambo de algo que ‘falto de firmeza, inestable’.

Como las bambalinas se bambolean, tomaron ese nombre en el lenguaje de las tablas. Y los periodistas investigativos se esfuerzan por enterarse de lo que hacen entre bambalinas los políticos, empresarios o sindicalistas.

Bistec a lo pobre

Siempre me llamó la atención el nombre de este plato de Chile. Sus ingredientes no están al alcance precisamente de los pobres. Es una contradicción. Hasta que descubrí el origen del término.

El “bistec a lo pobre” se originó en el restaurante “Papa Gaugé” del francés François Gaugé, en el 1879 y ubicado en calle Huérfanos 54 de Santiago.

El plato tenía carne, huevos, papas, cebolla y ajos fritos. Viene de la mala traducción del francés “boeuf au poivre”, carne a la pimienta.

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