1964

Dejando la enseñanza secundaria

He nacido con condición natural a cierto espectro de autismo y debido a la familia que me crió con total falta de cariño y muy poca dedicación a mi formación, tengo una inseguridad y baja autoestima enorme. Mucha timidez y totalmente asocial, no sé cómo entender ni tratar a la gente. He logrado salir adelante gracias a que también vine a este mundo con una inteligencia muy desarrollada y con un entusiasmo enorme por aprender de todo.

No me doy cuenta de que estoy rodeado de personas que sí me aprecian y me quieren. Sin embargo, su cariño no es percibido por mí. No conozco lo que es sentir cariño.

En el liceo en que estudio secundaria se organizó un evento especial como despedida de los cursos donde egresamos hacia la vida. No me doy ni cuenta que me eligieron por amplísima mayoría como Rey Feo de las fiestas. Esto es el equivalente a la reina que se elige en los liceos de niñas. Sí, porque mi liceo es sólo de hombres. Esto no me ayuda en nada para entender a las niñas y a las mujeres. Ni lo aprendí tampoco con mi hermana, pero este es otro cuento muy triste para mí. La verdad es que les tengo miedo a las niñas, no sé cómo tratarlas.

Tampoco me doy cuenta de mi capacidad de líder. Motivé a que recopiláramos libros para la biblioteca del liceo y fue un éxito increíble. Dejó sorprendidos a todos los profesores el que consiguiéramos tantos ejemplares. Yo doné muchos, porque me gusta comprarme libros para aprender y saber.

En el patio principal del liceo se organiza una ceremonia para la entrega de los libros. Apilamos allí decenas de cajas llenas de textos. Todos disfrazados de algo. En la casa rogué que me consiguieran un disfraz y finalmente me hicieron uno de rey. Estuvo bastante bueno. Eso sí, nadie de la familia me acompañó en ese evento. Jamás lo hicieron. Nunca fueron a alguna reunión. Menos mal que yo no me he dado cuenta de esta situación.

Ni tomé consciencia de las instrucciones dadas al respecto de esta fiesta y ceremonia, ni mucho menos que yo iba a estar presente y en un papel protagónico, además. De pronto me veo parado al lado del rector. Y logro conectarme con lo que estaba sucediendo porque se produce un silencio; entonces siento que tengo que decir algo. Así que improvisé palabras de agradecimiento, de despedida y de entrega de libros a la biblioteca. Expresarme en esas circunstancias lo puedo hacer debido a la mucha cultura que he adquirido leyendo.

Muchos aplausos, un saludo cordial del rector y creo todo termina bien.

Mis compañeros de curso se despidieron luego con muchos elogios y aprecio hacia mí. No me doy cuenta. Y no haré nada por conservar contactos y amistad. Uno de mis tantos errores que pasados muchos años reflexionaré y que, para entonces, ya no tendrá solución.

NOTAS

El Liceo de Hombres número 5, José Victorino Lastarria, fue fundado el 1 de abril de 1913. En mi penúltimo año de estudios me tocó vivir las fiestas del cincuentenario del colegio. Fue muy bonito.

El año de mi egreso acaba de asumir como rector don Agustín Candia Valdebenito, quien viene de otro colegio, del Instituto Nacional donde ocupaba el cargo de Inspector General. Decisión que no gustó al alumnado, porque venía de afuera. Y considerábamos que el Inspector del Liceo, don Ramón Molina, era quién debía ocupar el cargo. El profesor Molina estaba casado con una profesora de historia del liceo, doña Fresia Sepúlveda Délano de Molina. Dos años después el destino nos juntará de un modo extraño, pero eso es otro cuento.

Recuerdo que al poco tiempo de asumir el Rector me llama a su oficina. Y me conversa de sus proyectos para el colegio. Se me grabó una frase: “este colegio no tiene tradiciones”. Y quería entre otras cosas solucionar eso. Introdujo varios cambios. Entre otros, crea la Vice Rectoría a cargo del profesor Ramón Molina. ¿Por qué me conversó a mí de sus proyectos? ¿Por qué me preguntó mi opinión? Pasarían muchos años antes que reflexione que me tenía una especial consideración, como todos los profesores, como mis compañeros y como el personal auxiliar (paradocente). Que extraño será para mí darme cuenta después de décadas. Lo habría ido a saludar más de una vez y conversar sobre la marcha de sus metas para el liceo.

Himno del Liceo Lastarria

En la Feria Internacional de Santiago (FISA) y mi encuentro con Cecilia «La Incomparable».

Diciembre. Deliciosa jornada. Una sensación de libertad tras haber salido del Liceo y dado un Bachillerato de excelencia, que me permite elegir la carrera universitaria que quiera.

Me decido por Química Pura. Sólo 25 vacantes en la Universidad de Chile.

Mientras, el inicio del verano se festeja con la FISA, Feria Internacional de Santiago y Exposición de Animales de la Sociedad Nacional de Agricultura. Miles de personas asisten en un gran parque y recinto.

En un escenario del lugar, hacia mediodía, actúa una de mis cantantes favoritas de la «Nueva Ola». «Cecilia» (Cecilia Pantoja), menudita y dotada de una voz fuerte y potente. Tiene solamente cuatro años más que yo. Quedo en primera fila.

Cecilia me mira constantemente durante su presentación. Me siento traspasado por esos ojos oscuros tan expresivos. Siento que es la segunda vez que me doy cuenta de que alguien me mira con un interés «de hombre» (aunque soy sólo un adolescente).

Debe hacerlo con toda la gente, me digo. Una táctica de interesar al público. Pero siento que a mí me sigue clavando la mirada. Claro, ¡es mi vanidad!

Termina su presentación y ya va siendo la hora de almuerzo.

Elijo uno de los restaurantes que hay en el lugar. Tengo dinero, así que me decido por uno más elegante y privado. Hago el pedido y antes que me traigan los platos, una joven se acerca y me dice: ¿puedo almorzar contigo?

¡¡¡ES CECILIA!!!

Ha sido un lindo almuerzo. Me reservo, en respeto a ella, detalles de nuestra larga e íntima conversación. Lamentablemente, yo estoy todavía muy lejos de superar mi timidez y mi baja estima. Sólo queda como un incidente que recordaré siempre.

Aún así comparto unas semanas con ella. Pasa para mí a ser «Chía». Y también es claro que a todo lo que pudiera aspirar es a una amistad. Ella trata de mantener muy discreto para el público su atracción por las mujeres. Un tema tabú en esta época.

A propósito de artistas

De izquierda a derecha: Angel Parra, Rolando Alarcón, Isabel Parra y Víctor Jara.

Se comienza a publicar «Mafalda»

Plaza Baquedano en Santiago de Chile

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